Sola Fide Es El Instrumento Para La Justificación Y La Salvación

Las controversias pueden ser desagradables y dolorosas y la reciente controversia sobre la santificación ha sido ambas en algunos momentos.

De igual manera las controversias pueden ser útiles al traer mayor claridad y esta controversia ha sido útil en este sentido.

Algunos pastores reformados y ortodoxos están siendo acusados de antinomianismo debido a que (supuestamente) hacen demasiado énfasis en la gracia (no estoy seguro de cómo pueden los pecadores que enfrentarían la condenación eterna de no ser por el favor gratuito que reciben gracias a los méritos de la obediencia perfecta de Cristo pueden hacer demasiado énfasis en la gracia pero esa es la acusación).

La acusación adicional es que algunos de estos defensores de la gracia gratuita disminuyen la necesidad lógica y moral de la santificación y de las buenas obras como consecuencia de la justificación gratuita que Cristo da a los pecadores.

Si lo anterior es cierto o no es necesariamente un juicio subjetivo. Debe uno publicar algo sobre la santificación cada vez que publica algo sobre la justificación? quien determina cuanto énfasis sobre la santidad es necesario?

Es necesario aclarar que es probable que en su entusiasmo por la justificación (solo por gracia, solo a través de la fe ) algunos de los proponentes de la aceptación gratuita por parte de Dios no han sido consistentemente claros sobre las implicaciones de la gracia y el papel normativo de la ley moral para aquellos que han sido justificados gratuitamente (aceptados por Dios) y que viven ante el rostro de Dios (coram Deo) solo por gracia a través solamente de la fe y en unión con Cristo.

Habiendo hecho estas salvedades, una de las características de la respuesta dada por algunos al énfasis renovado en la gracia es la afirmación que si bien somos justificados solo por gracia y solo a través de la fe; somos salvados parcialmente a través de las obras. Esta distinción ha emergido mas claramente en las discusiones recientes en respuesta a algunas de las publicaciones en el HB (Heidelblog) y en alguna correspondencia. Así que la pregunta es: es cierto que somos justificados solo por gracia a través solamente de la fe pero que nuestras obras son parte del instrumento a través del cual somos finalmente liberados de la ira venidera?

Me he referido a esta pregunta en publicaciones previas (que no fueron escritas al calor de la controversia y que por lo tanto pudieran haber sido pasadas por alto) como parte de mi exposición regular del catequismo de Hedielberg (el cual es la razón por la que esto se llama Heidelblog) escribí 10 publicaciones explicando la definición de fe en el catequismo.

En la decima parte contrasté la enseñanza de la P/R 21 (que es fe verdadera?) con la enseñanza de Norman Shepherd, uno de los padrinos del autodenominado movimiento de la Visión Federal y el abuelo intelectual de algunas de las criticas hechas contra los proponentes de la gracia gratuita. En esta publicación quiero tomar prestado de publicaciones previas e hilar este material junto a una respuesta a algunas de las criticas.

En el curso de esta discusión el argumento que se me ha presentado es que nuestra santificación, -conformarse a Cristo y la obediencia producida por el Espíritu Santo en nosotros- son parte instrumental, los medios; no de nuestra justificación (aunque pareciera que algunos distinguen entre una justificación inicial que es solo por gracia a través de la fe y una justificación final que incluye santidad, una distinción que es absolutamente ajena a la teología reformada) sino de nuestra salvación o sea de nuestra liberación final del juicio venidero.

Ante esto yo respondo: Nuestra obediencia es el fundamento (la base), el instrumento (los medios) o la evidencia (el fruto) de nuestra salvación. La doctrina reformada afirma que es la última. Los creyentes serán progresivamente santificados por la obra del Espíritu Santo a través del uso de medios ordinarios y esa santificación progresiva producirá obediencia en conformidad a la santa ley de Dios. Sin embargo esa santidad y la obediencia concomitante y consecuente  no son parte del fundamento ni del instrumento de nuestra salvación final ni de nuestra aceptación por parte de Dios

La dificultad está en que algunas personas reformadas no se encuentran satisfechos con que la santificación producida por el Espíritu (la cual produce obediencia que se ve reflejada en buenas obras ) sea un fruto lógico y necesario de la justificación y la evidencia de su regeneración, justificación, unión con Cristo y  adopción. Ellos quieren que la santificación y la observancia de buenas obras sean mas que eso. Ellos quieren que la santidad, la obediencia y fruto sean partes del medio o del instrumento de nuestra salvación (escapar de la ira venidera), lo cual incluye nuestra justificación. Como diríamos los historiadores, esto ha pasado antes.

Norman Shepherd, (quien fuera profesor en el Seminario Westminster en Filadelfia entre 1950 y 1981, y quien fue despedido de su puesto debido a su doctrina y cuya doctrina sobre la justificación ha sido denunciada por varias denominaciones reformadas confesionales)- hizo de las buenas obras mas que el fruto lógico y necesario que evidencia nuestra aceptación ante Dios en Cristo. En su notorio trabajo de 1978 “Treinta y cuatro tesis” Shepherd escribió:

11. La fe que justifica es fe obediente esto es “fe que obra por amor” (Gal 5:6) y por lo tanto es fe que rinde obediencia a los mandamientos de la escritura

Shepherd adoptó una definición Romanista de la fe formada por el amor. Convirtió “que obra” en “hace a la fe lo que es” o “hace a la fe justificadora”. Fue contra este mismo error que los protestantes fueron tan enfáticos en decir que las buenas obras nunca son la base (con lo que Shepherd estuvo de acuerdo formalmente en las 34 tesis) o el instrumento de la salvación. Shepherd rechazó la doctrina Protestante en este punto, ese rechazo lo llevó a enseñar lo siguiente:

18. La fe, el arrepentimiento y la nueva obediencia no son la causa ni la base de la salvación -de la justificación-, pero son -como respuesta de pacto a la revelación de Dios en Jesucristo-, el camino (Hechos 24:14; II Pedro 2:2, 21) en el que el Señor del pacto lleva a su pueblo a la posesión plena de la vida eterna.

Noten que menciona el fundamento (la base) y la causa de la justificación y de la salvación pero omite el instrumento. Esto es porque él ya ha incluido las obras en su definición de fe como el instrumento no solo de la justificación sino de la salvación. De acuerdo a Shepherd, la santificación y las obras son nuestra “respuesta al pacto” y “el camino” por el que tenemos “posesión de la vida eterna”. He recordado mucho este lenguaje en nuestras recientes discusiones. El continua:

20. La afirmación Paulina en Romanos 2:13 “los que cumplan la ley serán justificados” no debe ser entendida hipotéticamente en el sentido de que no hay personas que no entran en esa categoría pero en el sentido de que los discípulos fieles del señor Jesucristo serán justificados (compárese con Lucas 3:21 y Santiago 1:22-25)

Contrario a Calvin y a los Reformadores, hoy hay personas reformadas que adoptan esta visión de Romanos 2:13, aquí Pablo está predicando la ley, está acusando a los judíos por pensar que ellos podían finalmente presentarse a si mismos ante Dios en base a sus obras. De hecho Pablo dice “vayan e intenten a ver como les va”. Pablo dice en Romanos 2:13.
Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los que cumplen la ley, ésos serán justificados (Romanos 2:13 LBLA)

Nuestro Señor Jesucristo no solo oyó la ley. El la cumplió. La obedeció.
Se ganó su estancia ante Dios y ganó por su merito condescendiente una posición justa delante de Dios para todos aquellos que creen. Pablo no está enseñándonos que los creyentes, unidos a Cristo, pueden (si se esfuerzan lo suficiente) presentarse delante de Dios parcial o totalmente basados en la santidad producida por el Espíritu Santo. Calvin explica este pasaje de la siguiente manera:

…ellos se gloriaban en el mero conocimiento de la ley: para solucionar este error, él les declara que ser oidores de la ley o solo conocerla no es de utilidad , que si así fuera todo el mundo sería justificado (ya que todos conocen la ley), pero que es necesario producir obras, de acuerdo a lo que está escrito: “El que cumpla estas cosas vivirá por ellas”. El significado de este verso entonces es el siguiente “Si se busca la justicia por la ley, la ley debe ser cumplida, porque la justicia que viene por la ley consiste en la perfección de las obras”. Aquellos que pervierten este pasaje con el propósito de enseñar salvación por obras merecen que hasta los niños se rían de ellos. Por lo tanto es impropio e innecesario presentar una discusión prolongada sobre el tema, con la intención de exponer este sofisma tan fútil: el apóstol solo esta persuadiendo a los judíos de lo que ha mencionado, la exigencia de la ley. Que por la ley no pueden ser justificados excepto que la cumplieran, que si transgredían la ley inmediatamente una maldición era pronunciada sobre ellos . No negamos que la ley exige justicia perfecta: pero como todos son culpables de transgredir la ley, afirmamos que es necesario buscar otra justicia. Aun mas, podemos demostrar de este pasaje que nadie es justificado por obras; porque si solo son justificados por la ley aquellos que la cumplen nadie es justificado porque no podemos encontrar a nadie que se pueda jactar de haber cumplido la ley.

Calvin leía este pasaje no para enseñar la naturaleza de la vida cristiana-como algunos reformados hacen hoy- sino mas bien lo leía teniendo en cuenta la distinción entre la ley y el evangelio. Para Calvin Romanos 2:13 no es una buena noticia, que los creyentes pueden -si quieren-, obedecer hasta ser aceptados por Dios. Romanos 2:13 es malas noticias: Dios sigue demandando obediencia perfecta a la ley y nosotros no podemos dársela.

Para responder a esto-como he visto en esta discusión- algunos de los que leen Romanos 2:13 como una referencia a la obediencia cristiana regresan a la doctrina de merito congruente, que Dios imputa perfección a nuestros mejores esfuerzos para que estos esfuerzos puedan contribuir a nuestra aceptación final con Dios. Esta es una versión de la teología de pacto Franciscana que toda la reforma rechazó. En este trasfondo es que la confesión belga habló de buenas obras, fruto y evidencia de nuestra aceptación por parte de Dios y no como parte del instrumento.

Podemos ver que Shepherd incluye las obras en la fe como parte del instrumento de la justificación y la salvación aquí:

21. La base exclusiva de la justificación del creyente en estado de justificación es la justicia de Cristo, pero la obediencia, la cual es simplemente la perseverancia de los santos en el camino de la verdad y la justicia es necesaria para continuar en el estado de justificación (Heb. 3: 6, 14).

Noten que él dice “base” pero omite instrumento. Noten también que dice que la obediencia es necesaria para continuar en el estado de justificación. Tal como Cornel Venema notó en su revisión sobre el libro de Shepherd “Call of Grace” este abandonó del todo los méritos . Esto, obviamente, lo llevó a no solo a negar nuestros méritos (los cuales todos los protestantes deben negar) pero también la imputación de los méritos de Cristo.

Sin embargo en esta discusión parece que algunos de los críticos de Tullian creen que están en terreno seguro cuando hablan de nuestras buenas obras contribuyen a nuestra salvación final siempre y cuando nieguen que estas obras son meritorias.

Hablando de “salvación final” de verdad queremos caer en la trampa de las dos fases de la justificación o de las dos fases de la salvación?.

Claro, si la salvación incluye santificación progresiva, entonces claro, ha sido inaugurada en la aplicación de la redención y será consumada en el día final pero no es que la salvación sea solo por gracia y solo a través de la fe en esta vida pero dependiente de la santidad producida por el Espíritu Santo y de la obediencia en el día final.

No hay dos fases de justificación. Solo hay una. “Por lo tanto habiendo sido justificados..”. La palabra de Dios no dice “por lo tanto habiendo sino iniciada la justificación…”.

El termino salvación es mas amplio que el termino justificación ya que incluye el desarrollo de la justificación en nuestras vidas por medio de la santificación. No hay dos fases de la salvación no es que seamos inicialmente liberados de la ira venidera solo por gracia a través solo de la fe y luego seamos liberados a través de la fe y las obras o a través de la fidelidad.

No, nuestra liberación de la ira venidera es solo por gracia, solo por medio de la fe en unión con Cristo. Calvin es muy claro sobre esto en Insitituciones 3.2.

Cuando- contra la visión de Gaffin de unión mistica/existencial con Cristo- afirmo que hay un orden lógico de justificación y santificación y entre la fe y sus efectos, estoy siguiendo a Calvin (Institucion 3.3.1):

“Con razón se afirma que el evangelio consiste en arrepentimiento y el perdón de pecados. Por lo tanto cualquier discusión sobre fe que omita estos dos tópicos sería estéril, mutilada y sencillamente inútil. Ahora, tanto el arrepentimiento como el perdón de pecados (esto es nueva vida y reconciliación gratuita) se nos son dados por Cristo y ambos se apropian a través de la fe. Como consecuencia, la razón y el orden de la enseñanza ordenan que empiece a discutir ambos en este punto. Sin embargo nuestra transición inmediata será de la fe al arrepentimiento ya que cuando este tópico es entendido claramente se entenderá mejor como el hombre es justificado solo por medio de la fe y el perdón de sus pecados. Sin embargo la verdadera santidad en la vida, por así decirlo, no está separada de la verdadera imputación de justicia. Ahora debería ser un hecho mas allá de la controversia que el arrepentimiento no solo constantemente sigue a la fe sino que además nace de la fe”.

El arrepentimiento, alejarse del pecado, el aprender a odiar el pecado cada vez mas, nace de la fe, sigue a la fe. Era Calvin un antinomianista? Calvin negaba la unión con Cristo? Era Calvin débil en la santificación?
Volviendo a Shepherd. Miren lo que Shepherd hace con nuestra obediencia, habiendo asumido dos fases en la justificación él enseña:

22. La justicia de Cristo sigue siendo la base exclusiva para la justificación del creyente pero la piedad personal del creyente también es necesaria para su justificación en el juicio del día final.(Mat. 7:21-23; 25:31-46; Heb. 12:14).

Nuevamente, el niega que nuestra obediencia sea parte de la base de nuestra justificación pero enseña que es parte del instrumento de nuestra justificación en el día final. No solamente ha creado dos fases en la justificación pero ha incluido nuestras buenas obras en la fe de esa justificación, la cual a su vez ahora ha combinado con la salvación, así que lo que empezó con una distinción entre justificación y salvación ha desaparecido. Ahora son una sola.
Por favor no ignoren lo que pasa cuando las buenas obras se convierten en mas que en fruto, evidencia como deben ser.

Cuando se convierten en parte de la base (lo cual Shepherd niega-aunque no es muy consistente en esta negación) en el instrumento (lo cual afirma), el evangelio se pierde.

La buena noticia no es que seremos finalmente aceptados por Dios si somos lo suficientemente santificados. La buena noticia es que ya somos aceptados por Dios (!) solo por la obra de Cristo y porque ya somos aceptados el mismo Espíritu Santo que nos unió a Cristo va a producir santidad en nosotros de manera gradual y llena de gracia.

Debemos luchar para ser santificados? Si! Amen! Es difícil? Si! Amen! Debemos tomar nuestra cruz diariamente, morir a nosotros mismos y buscar activamente crecer en santidad en conformidad a Cristo? Si, Amen!. Es el juicio un examen final en el cual nuestra aceptación ante Dios será renegociada de acuerdo a que tan bien nos portamos en esta vida? μὴ γένοιτο No lo permita Dios!!.
La aceptación de todos los creyentes ante Dios ya ha sido adjudicada en la cruz y nuestro Salvador dijo: consumado es!. Esa es la palabra de Dios. Ese es el evangelio. Mis pequeños, si un angel trata de decirles algo distinto díganle: “Apártate de mi satanás”

Shepherd continua:

23. Debido a que la fe que no es obediente es fe muerta, y porque el arrepentimiento es necesario para el perdón de pecados incluido en la justificación y porque permanecer en Cristo es guardar sus mandamientos (Juan 15:5, 10; I Juan 3:13, 24) todas las anteriores son necesarias para permanecer en el estado de justificación, buenas obras, obras hechas desde la verdadera fe, de acuerdo a la ley de Dios y por su gloria, esta es la nueva obediencia producida por el Espíritu Santo en la vida del creyente unido a Cristo, la cual aunque no es la base de la justificación es necesaria para la salvación de la condenación eterna y por lo tanto para la justificación (Rom. 6:16, 22; Gal. 6:7-9).

Cuando Shepherd dice “continuar en el estado de justificación” no solamente asume que podemos perder nuestra justificación, lo cual es un negación de la doctrina bíblica y reformada de la perseverancia de los santos (véase el 5 punto de la doctrina de los canones de Dort) sino que además enseña que “las buenas obras…hechas desde la verdadera fe” ..” la nueva obediencia” son necesarias para retener lo que ha sido recibido. Son necesarias para la salvación la cual el define correctamente como la liberación de la condenación eterna. Esta fue la doctrina de George Major en 1550, que las buenas obras son necesarias para “retener la salvación” . Este es el error Marjorista que los protestantes rechazaron en 1550. Shepherd yuxtapone “obras de la ley” con “buenas obras”

24. Las “obras” (Efe. 2:9) o las “obras de la ley” (Rom. 3:28; Gal. 2:16), o “mi propia justicia derivada de la Ley” (Fil. 3:9) u “obras que hemos hecho en justicia” (Tito 3:5) las cuales están excluidas de la justificación y de la salvación no son “buenas obras” en el sentido bíblico de las obras para las cuales el creyente ha sido creado en Cristo-Jesús (Efe. 2:10) o de las obras producidas por el Espíritu Santo que habita al creyente (Rom. 8:9; Gal. 5:22-26) o de obras hechas por fe (I Tes. 1:3),, de acuerdo a la ley de Dios y para su gloria, sino que son obras de la carne (Gal. 3:3) hechas en incredulidad (Gal. 3:12) con el propósito de ganar la justificación ante Dios.

Él piensa que al yuxtaponer las dos y convertir las buenas obras en santidad producida por el Espíritu, que puede convertir las buenas obras en el instrumento de la justificación y de la salvación sin producir ningún daño. Inclusive dice “hechas por verdadera fe”lo cual algunos críticos de Tullian parecieran estar reacios a decir. Shepherd explica:

25. La doctrina reformada de justificación solo por fe no significa que la fe aislada o abstraída de obras, pero que el “camino de la fe” (fe obrando por medio del amor), contrario a “las obras de la ley” o a cualquier otro método concebible de justificación, es el único medio de justificación (John Calvin, Institutes, III, 11, 20 “De hecho confesamos con Pablo que ninguna fe justifica excepto la fe obrando por medio del amor (Gal 5:6). Pero su poder para justificar no viene de que obra por medio del amor. De hecho, justifica de una única manera y es llevándonos a la comunión con la justicia de Cristo”)

El lenguaje de Shepherd del “camino de la fe” es su manera de enseñar la doctrina Romana de la fe formada por el amor. Cita a Calvin como si Calvin hubiera enseñado la doctrina de Shepherd de justificación y salvación a través de la fe y las obras. No es así:
“Cuando estén teniendo una discusión sobre la pregunta de la justificación, tengan cuidado de permitir cualquier mención sobre el amor o las obras, pero sean resueltos a adherirse a la partícula exclusiva”
Lo anterior es tomado del comentario de Calvin de 1548 sobre Gálatas 5:6. La razón por la que Calvin escribió esto es la doctrina Romana de la justificación y la salvación a través de la fidelidad o a través de la fe formada por el amor. Lo mas llamativo es que en estas dos tesis Shepherd menciona el mismo error que él enseña.:

26. La doctrina católico Romana de que la justificación es un proceso en el cual el hombre injusto es transformado en un hombre justo por la infusión de la gracia sacramental confunde a la justificación con la santificación, y contradice la enseñanza de la Biblia de que la justificación es un veredicto forense de parte de Dios por el cual los impíos son recibidos y aceptados como justos con base en la justicia imputada de Cristo.

A través de los años se me ha dicho mas de una vez en esta discusión que siempre y cuando hagamos a la justificación un termino forense podemos decir lo que queramos sobre la salvación (incluyendo la santificación). Bueno Shepherd enseñó que la justificación es forense (una declaración legal) pero eso no sirve de mucho si omitimos sola fide de la justificación y la salvación.

27. La doctrina católica-romana de que la fe amerita (merito congruente) la infusión de la gracia justificadora y que la fe formada por el amor y realizar buenas obras amerita (gracia condescedente) la vida eterna contradice la enseñanza de la Biblia de que la justificación es por gracia a través de la fe aparte de las obras de la ley.

Shepherd es consciente de la doctrina romana de la fe formada por el amor ( fides formata caritate) lo que ocurre es que él no entiende que él enseña exactamente lo mismo. El piensa que al omitir merito y gracia infundida se ha salvado a si mismo-por así decirlo- de la definición Romana de fe. Pero no es así. El no entiende que su doctrina es igual la doctrina romana de justificación. La santidad producida por el Espíritu Santo es necesaria como una consecuencia de nuestra justificación. La gente justificada y salvada va a producir buenos frutos solo por gracia a través solamente de la fe. Inclusive podríamos decir que lo deben hacer pero la santidad producida por el Espíritu Santo y las buenas obras consecuentes no son y no pueden ser el instrumento por el que somos justificados o salvados. Dios no ha prometido en ninguna parte imputarle perfección a nuestros mejores esfuerzos (facientibus quod in se est, Deus non denegat gratiam o merito congruente).

Pensemos en todo lo que Shepherd incluye en su definición de fe:
Obediencia producida por el Espíritu

• Arrepentimiento
• Guardar sus mandamientos
• Perseverancia

Cuanta obediencia es necesaria para que la fe sea verdadera? Cuanto arrepentimiento y que tan genuino debe ser para que la fe sea considerada genuina? Que tan bien debe uno obedecer los mandamientos para perseverar exitosamente y estar calificado para ser finalmente justificado?
Contrasten la definición de Shepherd de fe en el acto de justificación con la P/R 21 del Catequismo de Heidelberg

21. Qué es la fe verdadera?
No es sólo un seguro conocimiento por el cual considero cierto todo lo que el Señor nos ha revelado en su palabra , sino también una verdadera confianza que el Espíritu Santo , infunde en mi corazón, por el Evangelio , dándome la seguridad, de que no sólo a otros sino también a mí mismo Dios otorga la remisión de pecados, la justicia y la vida eterna , y eso de pura gracia y solamente por los méritos de Jesucristo .

El Catequismo de Heidelberg nunca menciona o siquiera apunta a la santidad producida por el Espíritu y la obediencia (obras) en su definición de fe en el acto de la justificación.

Hay solo una base para la justificación: la obediencia completa, perfecta de Cristo​ acreditada a los creyentes y recibida por la fe la cual es definida como descansar, recibir, reposar en, confiar en Cristo y su obra completa. La nueva vida producida en nosotros por el Espíritu Santo necesariamente resulta en obediencia y buenas obras. Poner a muerte al viejo hombre y vivificar al nuevo hombre es una lucha. Como consecuencia de la obra llena de gracia de Cristo para salvar a su gente le debemos obediencia agradecida y completa, la cual el Espíritu Santo graciosamente produce en nosotros, pero esa obediencia nunca se convierte en parte del instrumento a través del cual somos aceptados por Dios o somos salvados de la ira venidera.

Transl. Carlos Aguilera

¿Debería Ser Bautizado Otra Vez?

Hace algunos días, me hicieron esta pregunta: ¿Debería ser Bautizado Otra Vez? pero, lo cierto es, que suelen hacérmela muy a menudo. Esto suele ocurrir en el contexto, de una clase con nuevos miembros en la iglesia cuando alguien que, apenas va llegando a una congregación Reformada y que viene de otra congregación diferente a la Reformada, se acerca al pastor para decirle: «Yo fui bautizado por alguien de la universidad, que no fue ordenado al ministerio» o «Fui bautizado por mi vecino» o «en la iglesia Romanista» o «en una congregación Bautista» o «por una persona que en aquel entonces, era apostata de la fe» o «en la iglesia de los Mormones». Y la pregunta que le sigue a estas declaraciones, usualmente es: «¿Debería ser bautizado otra vez?».
La respuesta a esta pregunta, es bastante complicada, puesto que para llegar a ella, uno debe pasar primero por varias “capas”. Una pregunta crucial que uno debe hacerse es, si de verdad fue bautizado del todo. Hasta donde yo puedo decir, el “Re-Bautismo” o el “ser bautizado otra vez”, es algo imposible. Con esto quiero decir que, si el Bautismo no fue llevado a cabo de la manera correcta (es decir, de la manera en que fue instituido por Cristo), no existió tal Bautismo en primer lugar.

Ahora bien, ¿qué es el Bautismo? Es un sacramento[1] de la identificación visible con la muerte de Cristo; es un ritual de muerte; un signo y sello de aquella muerte, que verdaderamente ocurrió en aquellos que creen; un signo y sello de las buenas nuevas de que Cristo, Aquel que obedeció perfectamente a Dios, murió, fue enterrado y resucitó al tercer día. De manera que, todos aquellos que ponen su confianza en la obediencia de Él y no en sus propios méritos, tienen vida eterna; Dios les concede el regalo de la Fe para que puedan creer y, a través de ésta, sean unidos a Él por el Espíritu Santo y son libremente aceptados y declarados justos (justificados) por Dios, únicamente por la obediencia perfecta de Cristo Jesús imputada a su favor.

Las imágenes bíblicas del Bautismo, son actos que se hicieron una vez y que ya no se pueden repetir. Los Israelitas (adultos, niños, familias enteras incluidas en el pacto de Dios con Abraham), fueron «…bautizados en Moisés…» (1 Co. 10:2; es decir, se identificaron ritualmente con él por medio de ese ritual que significa: muerte corporal) en el Mar Rojo, «a pie enjuto» (Literalmente: con los pies secos; Éx. 14:16, 22, 29; 15:19). Definitivamente, esto fue un acto que ocurrió una vez y para siempre. Los Israelitas, estaban muertos; ellos le dieron la espalda al mar. Los ejércitos del Faraón, estuvieron a punto de destruirlos, hasta que el Señor los bautizó a todos y les salvó a través de (no “por”) las aguas divididas del Mar Rojo.
Antes de este episodio, hubo un diluvio (que ya no se repetirá otra vez), en el cual Dios salvó a Su pequeña iglesia a través de (no “por”; 1 Pe. 3:20) las aguas del diluvio; esto fue un ritual que representó la muerte, en el cual el pueblo de Dios, permaneció seco (dentro del Arca) y todos los enemigos del pueblo de Dios, fueron inmersos y ciertamente –no ritualmente- asesinados. Más tarde, los Israelitas pasaron el Río Jordán «en seco» (Jos. 3:17; 4:18, 22). En Romanos 6, Pablo utiliza el Bautismo como una ilustración de nuestra ruptura definitiva, hecha una vez y para siempre, con el pecado y la inauguración de nuestra nueva vida de santificación progresiva por la Sola Gracia, a través de la Sola Fe, en unión con Cristo, por medio de la obra llena de gracia y continúa del Espíritu Santo en los creyentes.

Él enseña exactamente lo mismo, incluso todavía más explícito, en Colosenses 2:11–12, en donde, a fin de explicar la naturaleza de esta ruptura definitiva, él apela a la circuncisión; un ritual tipológico de la muerte que apuntaba a Cristo siendo “cortado” en favor de Su pueblo. Allá en la Cruz, ocurrió una circuncisión, siendo Cristo “cortado” por nosotros, cuando fue hecho inmundo (He. 13) por nosotros fuera del campamento. Este es el por qué Pablo conecta la muerte, la circuncisión y el bautismo en Colosenses 2. Todos ellos son actos que ocurren una sola vez en la vida.

Por eso, Pablo también dice a los Judaizantes[2] que, si la circuncisión es tan poderosa –como aquellos creían-, ellos debían entonces “mutilarse” a sí mismos (es decir, castrarse; Ga. 5:12). Por lo tanto, el Bautismo Cristiano, administrado tal y como lo ordenó Cristo, es aplicar agua conjuntamente con la Palabra de Dios (el Evangelio) en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por un ministro debidamente ordenado en una verdadera congregación Católica[3] , Evangélica y Reformada; esto es, un congregación que posea las marcas de la Verdadera Iglesia (Confesión Belga, artículo 29). Obviamente, en los Estados Unidos y en el resto del mundo, se administran bautismos por congregaciones, que no cumplen con las marcas de la Verdadera Iglesia; he allí, la dificultad.

Lo cierto es, que no somos los primeros Cristianos en hacernos esta pregunta del re-bautismo. Muchos Cristianos tuvieron que lidiar con este problema, en los siglos cuarto y quinto (años 300 y 400 d.C) en la controversia Donatista. En el año 302 d.C, el emperador de Roma Diocleciano, ordenó la persecución de los Cristianos; algunos de ellos, se negaban a renunciar a su fe y a entregar las Sagradas Escrituras para que fuesen quemadas. Otros, renunciaban a Cristo y entregaban las Escrituras. Luego que finalizó la persecución, estos últimos eran entregados por “traidores a Cristo” para ser asesinados. Estos acontecimientos, dieron lugar a una controversia sobre qué debía pensarse de aquellos que traicionaban a Cristo y no daban testimonio de su fe; especialmente, cuando se eligió a Ceciliano como Obispo (un término moderno, sería “pastor principal”) de Cartago en el 312.

Ceciliano, fue consagrado/dedicado a tal oficio, por otro obispo que había traicionado a Cristo, negándole y entregando las Escrituras bajo la persecución de Diocleciano. A raíz de esto, Donato dirigió un movimiento separatista del cual él fue Obispo desde el 315, hasta su muerte en el 355. Este movimiento de Donato (denominados “Donatistas”), creía que la correcta administración de los Sacramentos (Bautismo y Cena del Señor), dependía del estado espiritual de la persona que los administraba, es decir, que aquellos que habían rechazado a Cristo y entregado las Escrituras al Emperador Diocleciano, eran “traidores”, “inmundos” y, por tanto, no podían administrar dignamente los sacramentos (si algún Sacramento administraban ellos, no era válido). Esta creencia fue atractiva y abrazada por muchos en el Norte de África.

Agustín (354–430 d.C), quien fue Obispo de Hipona, rechazó y contendió enérgicamente contra esta creencia. Eventualmente, la Iglesia Católica[4] adoptó este rechazo del Donatismo de Agustín, y siglos después, Juan Calvino en su rechazo contra los Anabautistas, también citó a Agustín para el mismo propósito. En su obra Institución de la Religión Cristiana, Juan Calvino se refirió a los Anabautistas, a quienes él llamó “Catabautistas” (Κατά /Catá/ del Griego, que significa “en contra de” y Βαπτισμός, /Baptismós/ “Bautismo”) término que Zuinglio (1484–1531) y otros, ya habían usado para describir a los Anabautistas; por cuanto éstos últimos rechazaban el bautismo de los hijos de los creyentes y –como dice Calvino- también los bautismos administrados en la iglesia Romanista.

Es cierto que Lutero, Bucero, Zuinglio, Melanchthon y Calvino, fueron bautizados en la vieja y medieval comunión Papal anterior a la Reforma pero, también es cierto, que ellos y las Iglesias Reformadas después de ellos, aceptaban los bautismos de la iglesia Romana como válidos

«…nos sirve de firme argumento considerar, que no somos bautizados en nombre de ningún mortal, sino en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt. 28:19); y, por tanto, ese Bautismo no es del hombre, sino de Dios, sea quienquiera el que lo administre. Por más ignorantes e impíos que hayan sido los que nos bautizaron, sin embargo, no lo hicieron en la comunión de su ignorancia e impiedad, sino en la fe de Jesucristo. Porque ellos no nos bautizaron en su propio nombre ni invocaron su nombre, sino el de Dios, y no nos bautizaron en nombre de ninguno otro. Ahora bien, ya que ese Bautismo era de Dios, tuvo sin duda alguna encerrada en sí mismo la promesa de la remisión de los pecados, la mortificación de la carne, la vivificación espiritual y la participación en Cristo. Por tanto, en nada perjudicó a los judíos el ser circuncidados por sacerdotes impíos y apóstatas; ni tampoco por ello el signo de Dios fue dado inútilmente, de manera que fuese necesario repetir la circuncisión; más bien fue un acto suficiente a través del cual, les comunicaba a los participantes que debían volverse a la Verdadera Fuente del Sacramento». [5]

La dignidad de una persona, no valida el Sacramento; más bien son las promesas divinas (el Evangelio) en la Palabra adjuntadas a la señal y sello, que validan el Sacramento. Tal y como Calvino señaló, si abrazamos la creencia Donatista, acabaríamos con la historia de la redención. Este principio Donatista, asumía que ellos podían conocer cosas que en la vida real, nosotros sabemos que no es cierto. Esto es parte de la crítica Reformada de la posición (ana/cata) Bautista: Aunque pospongamos el Bautismo hasta que la persona profese su fe, aun así, conoceríamos únicamente la profesión externa del candidato; puesto que sólo Dios conoce el corazón.

¿Qué pensaríamos de un ministro que no es regenerado y que bautizó a alguien, pero que tiempo después de aquel acto, Dios salva a aquel ministro? ¿Significaría eso que aquel bautismo no fue válido y, por tanto, su próximo bautismo sí será válido ahora que es regenerado? ¿Y qué, si el candidato hubiese descubierto luego de su bautismo, que el ministro no era regenerado y, por tanto, él fue y volvió a ser bautizado ocurriendo esto antes de que Dios salvase al primer ministro que lo bautizó? Luego, en el momento en el que Dios salva al primer ministro, ¿acaso este acto invalidaría el segundo bautismo de aquella persona? Observe el lector, cuán rápida e innecesariamente, se “enreda” este tipo de pensamiento.

Hay personas que me han discutido que el Romanismo posterior al Concilio Vaticano II, con su giro hacia el Modernismo, era más corrupto que el Romanismo de los siglos XV y XVI cuando los Reformadores fueron bautizados; yo lo dudo. La Iglesia Occidental, a principios del siglo XVI, estaba profundamente corrompida desde “la cabeza hasta los pies” (Concilio de Letrán V). La naturaleza de la corrupción puede que haya cambiado pero, el grado de la corrupción, no. En el siglo XVI, los laicos[6] no podían leer las Escrituras en su propio idioma pero, ahora –luego del Concilio Vaticano II- sí pueden. Lo cierto es, que existen tantas versiones de Roma como Romanistas; y todos y cada uno de ellos, eligen aquellos aspectos del dogma[7] de la iglesia al cual se adhieren.

La única cosa que los une es una sumisión externa y formal al Obispo de Roma. En realidad, la estima hacia el Concilio Vaticano II, varía de Papa a Papa. Por ejemplo, Juan Pablo II y Benedicto XVI, buscaron detener la influencia del Concilio Vaticano II, pero Francisco, parece haber determinado de ciertas maneras, defender y promover este Concilio anterior a Juan Pablo II. En esencia, no existe una única iglesia Romanista. Al igual que los Reformadores, no tenemos razones válidas para rechazar los bautismos administrados por la iglesia Romana. ¿Qué acerca de la validez del bautismo llevado a cabo por un Laico? Calvino, trató este problema en tres secciones de su obra La Institución de la Religión Cristiana (Libro IV, capítulo 15, secciones: 19–22).

En la sección 19, él declaró que a pesar de la corrupción que ocasionaron las añadiduras de la iglesia medieval al sacramento (añadiduras que él denominó «pompas y farsas»), aún era un sacramento; todavía era un Bautismo Cristiano Trinitario. En las secciones siguientes, él justamente protesta contra las parteras y otros, que practicaban los denominados “Bautismos de emergencia”. Estos “Bautismos de emergencia”, son impropios porque los que lo administraban, asumían que uno no podía entrar al cielo sin antes ser bautizado; esto es una creencia falsa. El ladrón que estaba colgado en la cruz al lado de Cristo, no fue bautizado y, sin embargo, Cristo le dijo que estaría en el paraíso con Él aquel mismo día.

Imagine el lector por un momento, a una persona que se encuentra en una isla desierta; de repente, se acerca flotando hasta la orilla de la playa, un paquete sellado con una Biblia en su interior. El náufrago, toma la Biblia, comienza a leerla, el Señor lo salva y luego esta persona muere sin ser bautizado por un ministro ordenado. ¡Él estaría con el Señor! El Bautismo es un sacramento santo, un símbolo y sello del pacto de Dios pero, no es ni contiene en sí mismo, la salvación. En este sentido, una etiqueta sobre un recipiente que diga “almuerzo”, no es el almuerzo mismo.

Recientemente, alguien me escribió para preguntarme qué pensar con respecto al caso de una persona que fue bautizada por un (pastor/ líder) Laico, pero que este (pastor/líder) Laico, no era bautizado. Se puede discutir que este laico, estaba sirviendo en favor de una organización, de la cual podríamos decir que le faltaban una o tal vez dos marcas de la Verdadera Iglesia; estas son:

  • La Predicación Pura del Evangelio.
  • La Administración Pura o Correcta de los Sacramentos.
  • La Administración de la Disciplina Eclesiástica.

Podemos decir que faltando una de estas marcas, este ministro laico, estaba actuando en favor de una organización que no tiene relación con la Iglesia Cristiana o en el mejor de los casos, en un cuerpo “paraeclesiástico”. Esto es cierto, incluso en el acto eclesiástico más obvio (por ejemplo, que el ministro es ordenado en una iglesia que carece de una o más marcas). En efecto, esto es lo mismo que el caso del bautismo administrado por un laico que trabaje en la universidad.

Calvino declaró acertadamente que la circuncisión del segundo hijo de Moisés llevada a cabo por Seforá (Éx. 4:25), no es un ejemplo para que los laicos lleven a cabo el Bautismo, sino más bien, que ella realizó una circuncisión que nunca más iba a repetirse. Aquello fue un acto irregular, no común. Calvino escribió que Seforá fue presuntuosa; quizás, la narrativa presenta a Seforá, como si ella le hubiese salvado la vida a Moisés. Es un evento oscuro del cual es arriesgado concluir mucho pero, sí ilustra un buen ejemplo irregular de una administración del sacramento para admisión a la comunidad visible del pacto.

Desde mi punto de vista, asumiendo que los bautismos son llevados a cabo por personas Cristianas conscientes (obviamente, no pueden ser Mormones o de alguna otra secta falsa), entonces tales bautismos, deberían ser tenidos como “irregulares” pero son administraciones válidas a fin de cuentas. Decir que no son Bautismos, nos lleva peligrosamente a la creencia Donatista. Es mejor que los Bautismos sean administrados regularmente por ministros debidamente ordenados, bajo un mandato eclesiástico en una verdadera Iglesia y que el procedimiento para el Bautismo, se lleve a cabo tal y como lo ordenó Cristo, sin corromper Sus órdenes. De otra manera, no existió tal Bautismo en primer lugar. Calvino, aunque se opuso al abuso de bautismos administrados por Laicos, no rechazó tales bautismos del todo como si fuesen inválidos. El bautismo administrado por un Laico, es irregular pero sigue siendo válido (esto está implícito: siempre que lo administre de la manera en que Cristo lo instituyó) [8].

En resumen: ¡No desee Usted ser bautizado de nuevo! Si ya fue bautizado una vez, no desee hacerlo de nuevo; únase a una congregación que tenga las marcas de la Verdadera Iglesia y sométase a su gobierno y disciplina. Aquellos que han sido bautizados de manera irregular, esto es, por algún trabajador de la universidad o cualquier otro Laico, no deberían dudar de su Bautismo. ¿Qué tan lejos debemos llegar en nuestras convicciones anti-Donatistas? ¿Qué acerca del “bautismo” administrado por los Mormones? A mí se me ha objetado que los Mormones sí pronuncian el nombre Trino pero, ellos niegan en la práctica, la doctrina Cristiana de la Trinidad. Ellos re-definen la Trinidad, diciendo que Dios es Uno en cuanto a voluntad o propósito pero, que no lo es en esencia. Que el Dios Trino es Uno en esencia, es la enseñanza del Credo de Atanasio, por ejemplo.
Por lo tanto, aunque los Mormones empleen agua en su bautismo y aunque utilicen palabras de la doctrina Cristiana, no es un bautismo; no es válido. Esto nos lleva a decir que, cuando una persona se convierte del Mormonismo al Cristianismo, el bautismo que él reciba, no será un “segundo bautismo” porque en primer lugar, nunca fue bautizado de la forma instituida por Cristo.

Es cierto que tanto el ministro Cristiano como la (regadera / ducha), ambos derraman agua sobre la cabeza de alguien pero, eso no significa que ambos son bautismos. Todas estas preguntas realizadas al principio son difíciles pero, la posición anti-Donatista, es la correcta. El estatus espiritual de alguien, no define un sacramento; tampoco lo hace el que una persona haya sido ordenada. Sin embargo, aún estamos obligados a decir que los Laicos, no deben actuar presuntuosamente. Ellos no están autorizados por Dios para administrar los sacramentos; la administración, pertenece a la Iglesia visible e institucional. Jesús, no comisionó a cada creyente a predicar, evangelizar y a administrar el Bautismo (Mt. 28:18–20).

Él autorizó y ordenó a la Iglesia visible e institucional, para hacer estas cosas. Pero, si alguien de forma irregular predica y las personas abrazan la obediencia de Cristo a su favor y ya no su obediencia propia, ¡bendito sea Dios! A través de este acto, no podemos decir que el mensaje no fue enviado y que el Espíritu Santo no usó ese mensaje para traer vida nueva y fe verdadera. ¿Cuál cuerpo eclesiástico envió Billy Graham? ¿Acaso estamos negando que Dios el Espíritu Santo usó a Graham para, a través de su predicación, salvar personas? No. ¿Fue la predicación de Graham algo irregular? Sí. ¿Acaso debió él haber ido sin mandato eclesiástico y sin supervisión? No. Esto es la distinción entre lo que es y lo que debe ser.

…cuando viene a nosotros un cismático o un hereje, para hacerse católico, procuramos abolir con la disuasión y la refutación su cisma y su herejía; pero lejos de nosotros atentar contra los sacramentos cristianos que encontramos en ellos, y contra cualquier verdad que conserven; lejos de nosotros reiterar lo que reconocemos debe darse sólo una vez, no sea que, preocupados por los vicios humanos, condenemos las medicinas divinas, o buscando curar lo que no está herido, vayamos a herir al hombre enfermo precisamente en la parte sana. Augustinus, El único bautismo (Réplica a Petiliano) III,4.
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Notas:

[1] La palabra “Sacramento” en nuestro Español, proviene del Latín Sacramentum (que tradujo Jerónimo en la Vulgata), y ésta a su vez, proviene de la palabra Griega μυστήριον /mustérion/ del Nuevo Testamento (Ef. 1:9; 3:3, 9; 5:32; 1 Ti. 3:16; Ap. 1:20). Morfológicamente, Sacramentum, es una derivación del verbo sacrare (hacer santo) mediante el sufijo denominalizador mentum (instrumental, “medio para”), esto es, Sacramentum, equivale gramaticalmente a: instrumento para hacer santo. Este vocablo, se usaba a la llegada del cristianismo a Roma, para designar un juramento de los soldados romanos de servicio incondicional al ejército imperial. En cuanto a μυστήριον, se refiere a lo que hoy en día llamamos con la palabra “misterio” o “algo que es secreto”. El Griego bíblico, hace referencia a lo que, estando fuera de la comprensión natural, puede ser conocido solo por revelación divina. (Nota del traductor).

[2] Como los Judaizantes exigían que los Gálatas convertidos del paganismo recibieran la circuncisión, Pablo alude irónicamente a la castración ritual practicada por los sacerdotes de la diosa Cibeles. (Comentario a Gá. 5:12 de la Cantera — Iglesias)

[3] La palabra “Católico”, es una transliteración de la palabra Griega Καθολικός /cazolicós/ y significa literalmente: “Algo que está disperso por todo el mundo y, por tanto, no está limitado a un país, región, pueblo, etc. y además que siempre ha existido y nunca dejará de existir”. Aplicando este concepto a la Iglesia de Cristo, decimos que es “Católica”, porque no está limitada solamente a Roma (no hay Cristianos solamente en Roma) sino que está dispersa por todo el mundo, siempre ha existido y siempre existirá (hay cristianos en otros países aparte de Roma; siempre han existido y siempre –por la gracia de Dios- existirán). De manera que el lector no debe asociar la palabra “Católico” exclusivamente con la Iglesia Romana; porque no es así. De hecho, la palabra “Católico Romano”, es una contradicción de términos. En Ap. 5:9, aparece el concepto de la “Catolicidad” de la Iglesia. Las iglesias de la Reforma del siglo XVI reclamaron esta palabra para que se devuelva el sentido original de la misma. Nosotros ciertamente creemos en la santa fe católica enseñada en las Sagradas Escrituras y confesada por verdaderas iglesias en todo momento y lugares. (No en la definición romana que hace referencia a la comunión y sujeción al obispo romano. ) . (Comentario del traductor).

[4] Considerar comentario en la nota anterior, sobre la palabra “Católico”

[5] Institución de la Religión Cristiana. Libro IV. Capítulo 15. Sección 16.

[6] Los λαϊκός-laicos , eran y son las personas que no están o no fueron ordenadas o consagradas para ejercer el oficio de ministros en la Iglesia. (Nota del traductor).

[7] Proviene del verbo Griego δόγμα /dógma/ que aparece en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento, cuyo significado es: mandatos firmes en la esfera de la conducta práctica; decretos gubernamentales (Ester 3:9; Daniel 2:13; 6:8–10; Lucas 2:1); regulaciones apostólicas (Hechos 16:4) y ordenanzas mosaicas (Colosenses 2:14; Efesios 2:15). Para más información, consultar Introducción a la Teología Sistemática de Louis Berkhof (Nota del traductor).

[8] Lo escrito entre paréntesis, fue agregado por el traductor, como algo que el Dr. R. Scott Clark ya da por sentado.

Trans. Jose Covalky and Andrés García.